Liara misses the yellow, peeling, damp walls of the boarding school.
mitsydoll 2026.
Spanish is the only language where i can unravel completely. I'm working on a translation.
1. No recuerdo mucho de mi niñez, pero sé que nací el 16 de octubre del 2009, en Loma Hermosa, junto a mi hermana gemela. Mi madre decidió llamarla Kiara “Kiki”, y a mí, Liara “Lili” (Por cierto, Lili es un apodo que odio). Mis padres se divorciaron cuando éramos tan solo bebés, y nunca lo volvimos a ver; mi madre lo echó y no nos permitía verlo. Estoy conforme porque, por lo que nos cuenta, era un mal hombre, golpeador de mujeres, pero a veces me pregunto ¿Será verdad todo lo que me dicen de él? Después de todo, no tengo más familia que mi madre y mi hermana. Un día, por llamada, le pregunté a Kiki si teníamos alguna memoria de él “Lili, teníamos un año. No hay manera de que me acuerde de nada, y vos tampoco. Ahora, andá a estudiar, que sé que te está yendo muy mal” Y colgó. Quise decirle de todo, pero ya me tenía que ir, y al otro día se me olvidó. Mi madre, Pamela Wolf, fue una modelo cuya carrera terminó al tenernos, pero a la vez, empezó la nuestra, ya que desde niñas nos hizo modelar en revistas y sitios web. Nos hicimos famosas, “Las gemelas Wolf”. Ah, Pamela cambió también nuestro apellido, porque era un nombre que sonaba más inglés, aunque en realidad descendía de alemanes. Consiguió una gran cantidad de dinero,con el trabajo que nosotras hacíamos, y, cuando tenía diez años, nos mudamos a San Isidro, allí asistimos al Instituto Goldman, uno de los colegios más prestigiosos del país. No recuerdo mucho más. Es como si mi vida empezara a partir de los trece años: todo lo demás se compone de recuerdos borrosos o cosas que me relató Kiki. A esa edad, me mandaron lejos, a Rosario, a un colegio pupilo católico. Desde ese momento, me sentí aliviada, porque al fin estaba lejos de mi casa, mi familia y de ese trabajo maldito. 2. Ya era de noche en el colegio, y yo miraba por la ventana de mi cuarto, fumando. Todavía se podía notar el calor del verano, pero el viento frío y el color carmesí del que se tornaban las hojas, indicaban el comienzo del otoño. Todas las monjas se habían ido a dormir, me aseguré de esto para que no me pudieran atrapar, así podía compartir cigarrillos con mi compañera de cuarto, Evangelina -que muy bien no me cae, pero tenemos que convivir-.todas las monjas se habían ido a dormir y yo fumaba, mirando por la ventana. Se podía sentir el calor veraniego, pero el viento frío y el color carmesí del que se tornaban las hojas de los árboles empezaban a asomar el comienzo del otoño. Compartía cigarrillos junto a mi compañera de cuarto, Evangelina, una campesina que había llegado al colegio porque su familia era extremadamente católica (esta chica no me caía muy bien que digamos). Ella estaba sentada en una cama barata, de esas antiguas, con barras de hierro en los dos extremos y que chillaba cada vez que se movía. Las paredes amarillas agrietadas y las manchas de humedad se sienten como casa. “¿Qué tenemos mañana?” Pregunté, tomando una calada. Evangelina, que estaba mirando el piso, no movió su mirada cuando me contestó “Tenemos a Yarza, a Juan, y después tenemos prueba con Quiles…” Pude sentir la sangre irse de mi cara “La puta madre, me olvidé.” Puse mis manos alzadas en mi cabeza “Quiles hijo de puta, no dejó ni dos semanas para estudiar.” Tomé otra calada y apreté los dientes, Evangelina levantó las cejas y giró la cabeza, sabía lo que pensaba: “No estudiás ni aunque te den un mes.” Evangelina es una estúpida. A veces me imagino tirandole de esos chirunfulos que tiene en la cabeza, revoleando y tirándola por la ventana, como Tronchatoro. Volví a apretar los dientes. Ella se acomodó el pelo. “Bueno, yo estudié un poco.” Dijo, y apenas sonrió. Siempre decía lo mismo; que repasó un poco, y al final, siempre sacaba un 9 o un 10. “Mirá vos.” De repente, sentí el ruido de la puerta abriéndose de un golpe, eran dos monjas viejas; la hermana Catalina y la hermana Noelia. Catalina nos señaló a mi y a mi compañera con el dedo, su cara desfigurada por la cólera“Yo sabía, sabía que no podía confiar en ustedes.” La vieja gritó “¿Cómo se les pasa por la cabeza si quiera, realizar tales actos en esta casa de Dios?” Respiró hondo “¡Vayan! Vayan con el director” Cuando estaba por cruzar la puerta, la hermana Catalina me detuvo “Y usted, Wolf, me voy a asegurar de que sea la última vez que la vea en esta institución.” La miré, desafiante. Yo pasé primera, el director quería verme urgentemente. “Liara, lo lamento, pero vamos a tener que hacerte una amonestación” Dijo mientras escribía en una hoja lo que probablemente sería un acta “Eso significa que no vas a poder volver a esta institución ni renovar la matrícula.” Mis ojos casi se salen de órbita “O sea ¿Qué estoy expulsada?” Dije con la boca abierta “Si, básicamente” El director dijo sin mirarme “Pero ¡Fue una vez que fumé un cigarrillo! De seguro que a Evangelina no la echan” Alcé las manos. Él chasqueó la boca “Evangelina no tiene 10 amonestaciones” Mis ojos ya dolían “No es justo, por cualquier boludez me retan, tienen algo contra mí” El rector ignoró mis quejas “Te vas a ir mañana a la mañana” Estampó un sello en la hoja “Llamamos a tu mamá, pero está de viaje, así que te vas a tener que ir en micro. Puede retirarse.” Salí del cuarto, mi mente en blanco, no podía pensar “Evangelina Soria” Llamó. A las ocho de la mañana me vino a buscar el micro, el único asiento que había era al lado de un hombre obeso que ocupaba todo su asiento y un poco del mío. La puta madre. El hombre me miró, y sonrió, le sonreí forzosamente también. Encima el calor es insoportable. Sentí algo blando sobre mis dedos ¿Acaba de sentar su culo en mi mano? La puta madre, que asco. Cerré los ojos con fuerza y saqué la mano con una rapidez impresionante. A la una de la tarde, ya estaba llegando a mi casa. 3. Estaba mirando la televisión, tendría diez años. Pasaban una pelea de boxeo, y yo miraba atentamente, con los ojos brillantes y una sonrisa que me atravesaba la cara. Ya nos habíamos mudado a la nueva casa en San Isidro, Pamela había comprado nuevos muebles y aparatos, incluido un SmartTV, uno grande y de excelente resolución. Yo no estaba acostumbrada a estas modernidades, y para mí era un espectáculo visual, como ver fuegos artificiales en año nuevo. Los boxeadores se peleaban, se golpeaban, se sacaban sangre. Algo sobre ver el rojo de la sangre y el dolor que atravesaban estos hombres me gustaba, es como una explosión de sentidos. La tele se tornó negra, me giré, con la ceja levantada, y miré atrás, estaba Pamela Wolf, parada, con el control en la mano, y mirándome fijamente “¿Qué hacés?” Yo me levanté del piso “¡Mami no me apagués la tele!” Mi madre se acercó más “Te pregunté ¿Qué hacés?” No le sacaba los ojos de encima a Pamela, furiosa “Y yo te digo, que no me apagués la tele” Se rió, incrédula. Continué “Y no quiero ser modelo, quiero ser boxeadora” Pamela niega con la cabeza, furiosa “Ni lo pienses, modelo o te echo de esta casa.” Podía sentir algo erupcionando “¡Puta, hija de puta, ojalá te mueras!” le grité en su cara y ella ni siquiera reaccionó, pero levantó su mano y en un abrir y cerrar de ojos estaba en el piso, con mi cachete caliente y latiendo. “Y, la próxima vez, sentate en el sillón, no sos un indio.” Kiki que estaba viendo todo me miró, enojada y rodó los ojos. 4. Me bajé del micro, me dejó directamente en mi casa, mi casa es una inmensa mansión, pero desde acá no podía ver nada; un muro de ladrillos protegía y rodeaba la propiedad, y tenía pinchos en la parte superior (que esto es algo que añadieron mientras yo no estaba). Apreté el timbre, y esperé unos segundos, hasta que empecé a sentir un aroma muy intenso a flores y después se abrió la puerta. Kiki siempre fue la más bonita de las dos; delgada, pelos rubios siempre alisados y bien peinados, buen sentido de la moda y buenos modales, como toda modelo. No me sorprendía lo huesuda que estaba porque había visto fotos y sé que empezó una dieta vegana porque le dan pena los animales, pero dale, nena, come un churrasco alguna vez. Capaz así podría poner algo de carne en los huesos. Me sonrió, la mayor expresión que puede demostrar en su mayormente fría cara “Liara ¿Cómo estás?” La miré de arriba a abajo, como siempre, impecable. Llevaba un vestido de satín violeta, un cinturón marrón, botas largas de cuero negro y un collar raro, que tenía dos lados y se envolvía en su cuello como una bufanda. “Bien ¿Y vos?” Le contesté y me abrazó “Te extrañé tanto, Lili” Aunque me extrañó que me llamara Lili, porque tantas veces le dije que no quería que me llamen así, genuinamente sonreí “Yo también, Ki” El olor a flores se intensificó ahora que estoy apoyada en sus hombros “¿Qué es eso que te pusiste?” Tosí. Kiki se rió “Es mi perfume Chanel, perfecto para el verano.” Ah, sí, me había contado de esto. Tiene una enorme colección de perfumes importados, desde Lattafa hasta Chanel y Victoria’s Secret, compró todas las marcas famosas, y tenía uno para cada ocasión y estación diferente. Asentí y levanté las cejas. Entramos a la casa, vi fotos colgadas por todos lados; mayormente de mi hermana con Pamela, en diferentes países. Viajaron a Paris, a Nueva York, a Ushuaia, a Londres y a todos los lugares que todos quieren visitar. Y había una pequeña foto en una mesita, la agarré, era yo de chiquita, la que parecía ser la única imagen de mí en esta casa. Como se notaba quien era la hija favorita. “Eras muy linda” Cuando dijo eso, noté que Kik estaba atrás de mí, mirando la fotografía que sostenía. “¿Y ahora?” Pregunté “Ahora…ahora también” Pasó mi pelo dañado y frizado entre sus dedos, noté sus uñas almendradas y rosadas, no eran sus uñas naturales, lo que me pareció curioso, porque antes tenía unas uñas naturales larguísimas y sanas y no quería ponerse nada que no fuera esmalte. Aparece un gato y se sienta al lado mío mirándome y me maúlla. El zanjón, el perro rabioso…se me vino a la cabeza al verlo. No, lo tengo que olvidar, sacudo mi cabeza y miro para abajo. “Es Tiara” Kiki la agarra, y la gata felizmente se trepa arriba de ella y pareciera que la abrazara. Lejos de darme ternura me dió repulsión “Es una siamesa, mami me la compró en Nueva York” la abrazó aún más fuerte. “Sácame eso de mi vista” Dije, apartando mi mirada. “¿Qué pasa?” Mi hermana sonaba irritada “No me gustan los gatos” Kiki suspiró y bajó a Tiara “No te gustan los perros, no te gustan los gatos.” Se acercó “No te gusta ningún animal” Yo negué con la cabeza “No, la verdad que no, aunque los leones me gustan” Kiki rodó los ojos. “¿Sabés dónde queda tu habitación?” Me preguntó Kiki “Eh…la verdad que no”. empezamos a subir las escaleras. Cuando entré a la pieza, tenía olor a encierro, se notaba que hace mucho que nadie entraba ahí. Era enorme; tenía una cama en la que fácilmente cabían dos personas, paredes celestes, una ventana con vista al patio, un baño en suite y un vestidor. No estaba impresionada en absoluto, cuando entré, me acordé de mi cuarto de la infancia y de algunas situaciones que sucedieron allí. “Bueno, Lili, te dejo un rato” Se miró en un espejo del tocador que también estaba en mi pieza. “Me tengo que ir a trabajar” Se acomodó el pelo más de lo que ya estaba “Chau” Y se fue. Me senté en la cama, este era mi hogar ahora, pero las paredes celestes impecables, el baño en suite, el vestidor y el tocador, no se sentía como casa, porque no eran unas paredes amarillas ni unas grietas ni unas manchas de humedad. No había un baño compartido y sucio, o un pequeño armario que crujía, o una cama vieja y desgastada, o un espejo roto. 5. Estaba en mi nueva casa, con la amiga que me había hecho en el colegio. Se llamaba Lisa; una chica preciosa, de piel morena, rulos negros y labios gruesos. Jugábamos a las muñecas, según mi mamá “Ya tenía once años, ya era grande para jugar con muñecas.” Pero yo me negaba a soltarlas, sentía algo seguro en esos juguetes, un sentimiento que de otra manera no aparecía. Yo era Barbie doctora y ella era Barbie paciente, pretendíamos que estábamos en un consultorio y yo tenía que detectarle una enfermedad “Señorita, lo lamento mucho pero tenemos que decirle que tiene… cáncer de culo” Nos reímos las dos.